Attilio & Mochi

Nuestra historia

La historia no comienza con una botella.Comienza con una decisión.

Mucho antes de plantar una sola parra en Casablanca, nuestro mundo ya giraba en torno al vino.

Ambos somos ingenieros en alimentos y durante años creamos proyectos vinculados al sector en Brasil: una importadora de vinos, una tienda especializada en vinos y una cachaçaria en Campinas.

El negocio crecía, los equipos se multiplicaban y las responsabilidades también.

Pero en ese camino fuimos perdiendo aquello que nos había acercado al vino en primer lugar: la curiosidad, el aprendizaje y el simple placer de compartir una mesa sin mirar el reloj.

Entonces hicimos una pausa.

Y apareció una pregunta que ya no pudimos callar:

¿Era posible vivir de otra manera?

Angela Mochi, Marcos Attilio y José Luiz Pagliari conversando durante un evento de Wine Company en 2008
Angela Mochi y Marcos Attilio conversan con José Luiz Pagliari durante un evento de Wine Company en São Paulo (2008). En ese entonces dirigían su propia importadora de vinos, acercando productores de distintos países al mercado brasileño.

Diez días que cambiaron el rumbo

En uno de nuestros viajes llegamos a Tunquen.

Pasamos diez días lejos de oficinas, agendas y llamadas urgentes.

Sin buscarlo, recuperamos algo que habíamos olvidado: el tiempo.

Tiempo para conversar.

Tiempo para cocinar despacio.

Tiempo para caminar entre el viento de la costa.

Tiempo para pensar.

Al regresar a Brasil, supimos que ya no había vuelta atrás. No teníamos un plan de negocios ni tierras donde plantar, pero teníamos una certeza compartida: íbamos a buscar otra forma de vivir.

Vista panorámica de Tunquen, en el litoral de Casablanca
Tunquen, costa de Casablanca, 2009. Diez días sin internet, televisión ni teléfono. Lo que comenzó como una pausa después de un viaje de trabajo terminó convirtiéndose en la primera conversación seria sobre cambiar de vida.

Casablanca fue una consecuencia

No llegamos al valle porque quisiéramos convertirnos en viñateros a cualquier costo. Llegamos porque aquí nacían los vinos que más nos gustaba beber: frescos, expresivos, hechos para acompañar la comida y alargar las conversaciones.

En 2011 nos instalamos en Orrego Arriba.

El campo se llamaba El Mirador de Orrego, una referencia natural a la única loma que domina el paisaje plano del sector de Orrego. Desde allí es posible ver más lejos. Con el tiempo, también sería posible imaginar más lejos.

No heredamos viñedos centenarios.

No heredamos una bodega patrimonial.

No teníamos que complacer recetas de familia.

Tuvimos que levantar todo desde cero. Y esa ausencia de moldes terminó siendo nuestra mayor ventaja: nos dio la libertad absoluta de hacernos preguntas que otros ya habían dejado de hacerse.

Marcos Attilio en el campo de Orrego Arriba antes de plantar los viñedos
Marcos Attilio el día que adquirieron El Mirador de Orrego (2011). Antes de las vides, el lugar era apenas una idea, un sueño y una convicción. Desde la única loma del sector se domina gran parte del sector de Orrego, razón por la que el campo recibió ese nombre.

Antes de plantar la primera vid

Antes de plantar una sola vid, hubo una decisión más importante.

Leer nuestro manifiesto

Una decisión llevó a otra

La curiosidad por entender los procesos de fermentación y destilación —una inquietud que Marcos arrastra desde la universidad— sigue influyendo en muchos de los experimentos que realizamos hasta hoy.

  1. 01Racimos de Grenache en el viñedo, con la botella Grenache The First de Attilio & Mochi

    Grenache en clima frío

    Nos dijeron que el clima de Casablanca no era para cepas mediterráneas. La plantamos porque nos apasionaba su personalidad. Fue la primera Grenache del valle.

  2. 02Racimos de Roussanne en el viñedo, junto a la botella Tunquen Roussanne de Attilio & Mochi

    El primer vino 100% Roussanne de Chile

    Una variedad blanca legendaria del Ródano prácticamente inédita en nuestro país. La plantamos por una razón muy simple: Marcos siempre quiso saber cómo se expresaría en Casablanca.

  3. 03Marcos Attilio en la sala de barricas de la bodega de contenedores refrigerados de Attilio & Mochi

    Una bodega de contenedores refrigerados

    Marcos en la sala de barricas de Attilio & Mochi. La bodega fue construida reutilizando contenedores refrigerados, aprovechando su capacidad natural para mantener una temperatura estable.

  4. 04Obra de la etiqueta Night Rosé: rosas pintadas en tinta negra con un sello japonés, sobre un fondo lavanda

    Un rosé entre Casablanca y Japón

    Night Rosé nació de una colaboración con Grape Fox, nuestro importador en Japón. Un rosé de Casablanca fermentado con levaduras de sake, fruto de la curiosidad compartida entre cuatro culturas.

No buscamos ser diferentes por principio. Buscamos entender si existe una manera mejor.

Una viña a escala humana

Con los años llegó la pregunta inevitable: ¿hasta dónde crecer?

Con el tiempo entendimos que no queríamos construir una empresa donde todo pasara lejos del viñedo.

Preferimos una escala que nos permita seguir involucrados en cada etapa: desde la poda y la cosecha hasta las visitas que recibimos cada semana.

Nuestros días siguen marcados por las estaciones, el trabajo en el campo y los perros que nos acompañan entre las hileras desde temprano.

Angela Mochi y Marcos Attilio en la vida cotidiana de la viña Attilio & Mochi

Algunas botellas guardan más que vino

No buscamos convertir cada botella en una autobiografía. Pero muchas nacen de lugares, encuentros y momentos que dejaron una huella.

Tunquen

Es el principio de todo. Si no fuera por aquellos 10 días, no estaríamos aquí.

Sucre

Sucre toma su nombre de una calle de Buenos Aires. Una cena, una conversación que se extendió más de lo previsto y una noche que seguimos recordando años después.

Attimo

Significa "instante" en italiano. Y también une nuestros nombres: ATTIlio y MOchi. Un vino que recuerda que la vida está hecha de momentos que merecen ser vividos plenamente.

El vino es el resultado.La historia comenzó mucho antes.

Attilio & Mochi nació de una decisión de vida. La viña vino después. Y todavía hoy seguimos haciéndonos la misma pregunta que nos trajo hasta acá: ¿existe una manera mejor de hacer las cosas?

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