La historia de Attilio & Mochi comenzó frente al mar
En 2009, diez días en Tunquen nos hicieron preguntarnos cómo queríamos vivir. Dos años después llegamos a Casablanca sin campo, sin viñedo y sin bodega, pero con una decisión tomada: construir una nueva vida alrededor del vino.
Por Attilio & Mochi · · 6 min de lectura

En este artículo
En 2009 vinimos a Chile por trabajo.
En Brasil teníamos tres empresas: una cachaçaria, una tienda de vinos y una importadora de vinos. La Cachaçaria Brasil y Art du Vin estaban en Campinas; Wine Company, la importadora, estaba cerca de Curitiba con oficina en São Paulo.
Nuestra relación con Chile venía de ahí. Importábamos vinos de todo el mundo, y también los chilenos.
Después de un viaje de trabajo decidimos tomarnos diez días de vacaciones y nos fuimos a Tunquen. En esa época, Tunquen era muy distinto a lo que es hoy. No había restaurantes ni tiendas. Había un solo minimarket y nada más.
Arrendamos una casa con una vista espectacular hacia la playa y el mar.
Y durante diez días no tuvimos internet.
Ni teléfono.
Ni televisión.
Teníamos una linda playa vacía, el viento soplando casi todo el tiempo, las rocas para caminar, ricos pescados, algunos asados, buenas botellas de vino y, sobre todo, tiempo.
Tiempo para conversar.
Tiempo para pensar.
Tiempo para nosotros.
Fueron diez días de paraíso.
Y también fueron los diez días que terminaron cambiando nuestra vida.
Ahí comenzó la historia de Attilio & Mochi en Casablanca.
La pregunta que apareció frente al mar
Hasta entonces nuestra vida en Brasil había estado muy ligada al trabajo.
Nos gustaba lo que hacíamos. Nos gustaba el vino. Nos gustaban nuestras empresas. Pero los negocios también traían obligaciones. Muchas.
Había personas que dependían de nosotros, decisiones que tomar, problemas que resolver y una agenda que cada vez dejaba menos espacio para nosotros mismos.
En Tunquen, por primera vez en mucho tiempo, tuvimos la posibilidad de bajar el ritmo. Y nos dimos cuenta de algo bastante sencillo: nos gustaba esa vida.
Una vida más lenta, más conectada con la naturaleza. Una vida que siguiera las estaciones y que dejara espacio para cocinar, caminar, conversar, mirar el mar y simplemente estar juntos.
Cuando volvimos a Brasil, la pregunta ya estaba instalada: ¿Qué pasaría si construíamos una vida así?
No fue una decisión tomada durante una conversación frente al mar. Fueron diez días de vacaciones y después tres meses de conversaciones.
Tres meses para decidir qué queríamos hacer con nuestra vida
Los dos estábamos entrando en los cuarenta.
Ya teníamos bastante experiencia de vida, pero también éramos suficientemente jóvenes para comenzar un proyecto completamente nuevo.
Durante esos tres meses hablamos mucho sobre lo que cada uno quería, sobre lo que estábamos dispuestos a dejar y cómo queríamos vivir los siguientes años.
Y poco a poco apareció una idea que, en realidad, tenía bastante lógica para nosotros: crear una viña en Casablanca.
Nunca pensamos simplemente en venirnos a Chile. Siempre pensamos en Casablanca.
Tunquen está en la costa de Casablanca, y a nosotros siempre nos encantaron los vinos de clima frío. Era la combinación perfecta. Y además teníamos tres cosas que nos daban una base:
Nos gustaba el vino.
Conocíamos el negocio del vino.
Y teníamos una buena base técnica para hacerlo.
Los dos somos ingenieros de alimentos. Nos conocimos en la universidad, cuando ambos estudiábamos en la UNICAMP. Attilio, además, se especializó allí en fermentación y destilación. Desarrolló muchas investigaciones ligadas a la cachaça y a los destilados.
Nuestra trayectoria ya nos había permitido conocer el vino desde distintos lados: el negocio, la producción en distintas partes del mundo y la técnica.
Nos faltaba la parte que queríamos descubrir: hacerlo nosotros.
Primero tuvimos que cerrar una vida
Pero decidirlo fue una cosa y hacerlo fue otra.
Durante 2010 fuimos cerrando nuestras empresas en Brasil. No las vendimos, y eso tampoco fue fácil.
Cada una de ellas representaba una parte de nuestra vida, y estaban muy relacionadas con nuestros propios gustos. Era difícil separar el negocio de todo lo que habíamos construido alrededor.
Así que decidimos cerrarlas, pero no dejamos todo atrás y trajimos muchos recuerdos con nosotros. Algunas de esas cosas están en la viña y forman parte de la decoración que las personas que nos visitan pueden apreciar. Son parte de nuestra vida.
Mientras tanto, viajamos innumerables veces a Casablanca buscando un campo. No lo encontramos. Y así llegamos a 2011.
Llegamos a Casablanca sin viñedo
Esta es probablemente la parte más extraña de nuestra historia.
Cuando finalmente nos instalamos en Casablanca, no teníamos campo. No teníamos viñedo ni teníamos bodega.
Pero tampoco llegábamos sin experiencia.
Llevábamos años trabajando con vino desde distintos lados. Conocíamos el producto, el mercado y a quienes lo compraban. Y teníamos formación técnica para hacerlo.
Así que empezamos por donde podíamos.
En 2011 elaboramos nuestros primeros vinos en la bodega de Kingston Vineyards, comprando uvas a ellos y a Loma Larga.
En este primer año, hicimos cinco vinos. Y dos de ellos, el Cabernet Franc y el Malbec de la cosecha 2011, fueron elegidos entre los Mejores del Año por la edición 2013 de la Guía Descorchados, editada por el crítico chileno Patricio Tapia.
Para dos brasileños que acababan de llegar a Casablanca sin campo, sin viñedo y sin bodega propia, fue un comienzo bastante inesperado.
Pero también fue una confirmación.
Habíamos cambiado nuestra vida y estábamos empezando un proyecto completamente nuevo, pero no estábamos empezando nuestra relación con el vino desde cero.
Habíamos traído con nosotros todo lo que habíamos aprendido antes. Y la historia siguió dando algunas vueltas interesantes.
Nuestro Malbec fue elegido en dos ocasiones como Mejor Malbec de Chile por la Guía La Cav. Los reconocimientos son importantes para nosotros. Pero, mirando hacia atrás, no son el comienzo de esta historia.
El comienzo fue mucho más sencillo.
Fueron diez días en Tunquen.
Una casa frente al mar.
Sin teléfono, sin internet y sin televisión.
Y dos personas preguntándose cómo querían vivir.
Lo que vino después
Con el tiempo fuimos construyendo el resto: compramos el campo, definimos las variedades, plantamos el viñedo, definimos los vinos y la manera de trabajar se fue definiendo.
Muchas de esas decisiones podrían parecer, vistas aisladamente, decisiones sobre vino.
Pero para nosotros siempre estuvieron relacionadas con algo que empezó mucho antes, que fue aquella pregunta que apareció durante diez días en Tunquen:
¿Cómo queremos vivir?
Hoy tenemos 2,5 hectáreas productivas y ocho variedades plantadas en Orrego Arriba, Casablanca.
Pero la viña no nació cuando plantamos la primera hectárea.
Nació cuando decidimos cambiar nuestra vida.
Y quizá por eso seguimos construyéndola.
Porque, en el fondo, eso es lo que vinimos a hacer.
La viña no nació cuando plantamos la primera hectárea.
Nació cuando decidimos cambiar nuestra vida.
¿Quieres conocer qué pasó después? En el próximo artículo contamos cómo llegamos a nuestro campo en Orrego Arriba.
